Comparte el artículo EL TIEMPO ES SABIO... POR ESO EL DÍA TIENE...: Por: Ser Sembrador   ...
Por: Ser Sembrador
(Dr. Ortega)
“Entender, conocer y aprovechar el tiempo, no es de sabios. Es de personas responsables, porque el tiempo ya es sabio”.
Ahora quiero hablar de un personaje, muy famoso y muy conocido. Porque desde que nacimos, entramos en él. Y nos salimos de él, cuando morimos. Su nombre común es: Tiempo. Pero su nombre prodigioso es: El Tiempo. Y lo prodigioso lo hacen sus dos apellidos: el primero es: sabiduría; y el segundo aprovechamiento; precisamente, porque: “El Tiempo es Sabio”. Y los hijos del tiempo sabio son: segundo, minuto, hora, día, semana, mes y años. Y sus hijos mayores son: trienio, sexenio, quinquenio o lustro, década o decenio, cincuentenario o cincuenteno o quincuagésimo y siglo o centenario. Pero también tiene hermanos, que son: pretérito o pasado, presente y futuro.
Para unos; el día se les hace tan corto, que sienten que no les dura nada, y esperan el mañana, para hacer, lo que no hicieron hoy. Y para otros; es muy largo. Tan largo; que les provoca: flojera, aburrimiento, desánimo y frustración (ocio). Y para los que encuentran el equilibrio y el uso del tiempo, de cada día: ese día se les hace…, perfecto, agradable, y se van a dormir satisfactoriamente, preparados para encontrarse con el día siguiente. Paradójicamente, para todos…, el día tiene. …24 horas.
De esas 24 horas de cada día, Cuántas te están llevando a la felicidad…, o a la tristeza. De esos 1440 minutos de cada día, Cuántos te conducen al odio…, o al amor. De esos 86400 segundos de cada día. Cuántos son utilizados para construir éxito, o sembrar y cosechar fracaso. ¡Cuántos…! Una desconcertante pregunta, que requiere una sabia reflexión. Te invito a reflexionar, y a explorar el tiempo. Pero…, que contradictorio sería hablar de algo que no conocemos, ¿verdad? Más sin embargo, ¡es algo que nos va a llegar! Y puede ser: la felicidad, la tristeza, el odio, el amor, el éxito…, o el fracaso, entre muchas otras cosas. Y eso es lo incierto del tiempo. Pero la mejor forma de modificar el tiempo futuro; para bien, es mediante un proyecto y compromiso de vida. Y la mejor forma de aprovechar el tiempo pasado, para bien: es recordando y viviendo lo bueno que vivimos, y dejando atrás el mal pasado, no para olvidarlo, sino para superarlo. Porque dentro de la incertidumbre del tiempo, puede estar la certidumbre de lo que queremos ser, conocer, hacer y lograr, empezando: hoy, ya, ahora, horita, antes de que nos invada el mañana. Porque el mañana es algo que siempre esperamos y nunca llega. Y esa misma sabiduría del tiempo, invita a los alcohólicos a decir: “Hoy no tomo, mañana si”. Esperando nunca llegue ese momento de volver a tomar. Y nosotros, al no ser víctimas de una dependencia, y al convertirnos en dependientes de la vida y su éxito, debemos decir: hoy si: trabajo, estudio, vivo. Mañana… ¡no! Apegándonos, siempre, a la máxima voluntad: La Voluntad de Dios. Para dejar de seguir condenados a la apatía, al sueño irrealizable, a la posibilidad de lo imposible, o… al vivir, por vivir.
Es incierto el tiempo, es verdad. Pero también, el tiempo es sabio. Y en su sabiduría, lo que más nos quiere enseñar es a aprovecharlo. Porque el tiempo tiene: segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años. Y lo más importante del tiempo, es la vida. Y lo más lamentable: La muerte. Pero vamos a ser amables, motivadores y optimistas; y vamos a concentrarnos en la sabiduría, no solo de conocer el tiempo, como lo decía en su composición Roberto Cantoral, sino en la sabiduría de conocer y aprovechar el tiempo. Quien se apega a esa sabiduría, no se lamenta del pasado, aprovecha lo lamentable que fue, y lo malo lo hace bueno. Y así surgen los nuevos líderes; padres, madres, hijos, hermanos, jefes, políticos, maestros, alumnos, personas: que se atreven a romper las cadenas, del desinterés, dejando atrás esos círculos viciosos del ocio y la apatía, que tanto daño han causado a lo humano del ser, y del conocer, estancando la participación, la competencia, la superación y la plenitud del éxito, al descubrir que el tiempo es sabio. En la próxima ocasión, vamos a descubrir: qué hacemos cada día, tal vez, sin darnos cuenta: que el día tiene 24 horas.
¡Que Dios te bendiga!
¡Tú Vales Mucho!